sábado, 7 de septiembre de 2013

El maravilloso mundo del orden de las películas americanas

Me maravilla ver el orden que rige siempre en las casas de las películas americanas, no voy a hablar de las cocinas porque son otro mundo, pero ¿ os habéis fijado que  las habitaciones de las víctimas de asesinato siempre están inmaculadas? La colcha sin una arruga, los cojines perfectamente alineados, la cómoda con los tarritos organizados por tamaños, y el armario? ¡por dios!, esos trajes colgados, esas cajas organizadas por colores en los altillos, y los zapatos colocados por colores en la parte baja. Ni que decir tiene que la ropa, o la han llevado a la tintorería y  por lo tanto no contiene pruebas, o lleva allí desde la época del instituto ( aunque la persona tenga 42 años) y, oh milagro, lleva en su bolsillo interior la carta que le escribió su antigua novia, que resulta que es una asesina en serie y le guarda rencor desde el baile de graduación. Y esos paneles en las habitaciones adolescentes con tarjetitas y postales en un estudiado desorden armonioso, que tampoco acumulan polvo como  pasa en el resto del mundo, los escritorios con los cuadernos, los diarios y hasta los sacapuntas brillantes, los lápices en los cubiletes perfectamente alineados y del mismo tamaño, los estantes con libros, cajitas y demás como en una exposición. En el universo que yo conozco no existe ninguna persona entre los 12 y los 16 años, hombre o mujer que tenga una habitación así ni de lejos, porque aunque pudieran hacerlo, no está en su naturaleza adolescente.
Los garajes son otro mundo. Espacio para dos coches, un banco de herramientas que ya lo quisieran en el programa de "bricomanía", estanterías con  montones de cajas todas iguales o en su defecto haciendo juego, guardando quién sabe qué , pero  si aparece un bebé en la casa, que suelen aparecer de los modos más extraños, hay una caja con ropa de su talla, una trona y la silla para el coche para los días que esté con la familia; si toca recordar viejos tiempos, sacas la caja del vestido del baile de graduación y el traje con chorreras del marido, azul cielo por supuesto, que conviven con el cortacésped, podadoras, bidones con diferentes productos y no cogen olores ni acumulan polvo ni nada. Aquí se incluyen también, los desvanes y los sótanos, que aunque aparezcan menos son un terreno más familiar; al menos en  estos hay algo más de desorden  y polvo.
 La gente tiene disfraces en casa para montar una tienda y no digamos de material para montar fiestas, globos, guirnaldas, farolillos y demás parafernalia  que aparece por arte de magia (dentro  de las cajas del garaje imagino) y llenan la casa hasta la exageración de adornos. Por supuesto que todos acorde con la temática de la fiesta, Halloween, cumpleaños, fiesta de pijamas o cualquier cosa que se te pueda ocurrir. Me sorprende que siempre estén en perfecto estado y no espachurradas y medio rotas como me encuentro yo la mayoría de estas cosas cuando se me ocurre guardarlas de una vez para otra. 
Y la guinda del pastel son los adornos de Navidad. Esta gente tiene toda una cultura con esto y a mi personalmente me encanta; pero no me creo esas cajas con los adornos navideños heredados de generación en generación, envueltos individualmente en papel de seda, las luces colocadas cada año sin enredarse... De repente, aparece en mi mente la caja que tengo para guardar los adornos navideños y no, definitivamente lo que sale en las películas americanas es ficción, casi ciencia ficción porque cualquier parecido con MI realidad es puramente anecdótico.
En otra ocasión trataré el tema de las cocinas de las pelis americanas, necesitan un espacio independiente  porque son de otro mundo.

martes, 6 de marzo de 2012

De noche escribo cosas...

He leído hace poco que todos necesitamos un ancla, y me ha parecido una verdad como un piano. Al menos es lo que yo necesito ahora, que ando bastante a la deriva. Y esta gran verdad la le leído en una novela de las catalogadas como " románticas", novelas "rosas" o sucedáneos varios. Leo bastantes novelas de este tipo, y me gustan, todas no, eso también es verdad, que hay bodrios manifiestos como en todo, pero hay unas cuantas autoras que me gustan, hablan de sentimientos con los que me puedo identificar y más de una tórrida escena me ha puesto a cien por hora, y eso en mi caso no es fácil lograrlo sin que haya cuerpos y calor humano por medio, así que el mérito es mayor aún. Retomando lo del ancla, que se me va el santo al cielo en cuanto me pongo a mentar cuerpos desnudos y escenas subidas de tono, llevo media vida intentando ser independiente, fuerte, poder con todo, ser autosuficiente y bla bla bla, y resulta que es todo mentira. Lo que yo necesito para ser todo eso, es un ancla que me sujete pero que me deje libertad para moverme; me cuesta lo indecible reconocer esto, pero es cierto, no soy ni tan fuerte, ni tan independiente, ni tan autosuficiente. Ahora sólo me falta encontrar el "ancla" adecuada, que entre la marejada, el oleaje y los tiburones la cosa está complicada. Y luego está el tema que siendo una tan de secano, me dé por metáforas marítimas, igual en otra vida fuí una Pirata del Caribe, estaría de lo más mona.

Diarios, lecturas y nocturnos

No sé cómo se las arregla la gente que escribe un diario. Yo llevo intentándolo desde que recuerdo y nunca he conseguido tener la constancia o quizás los contenidos suficientes para hacerlo. ¿Qué demonios habrá escrito Ana Obregón desde los 13 años?
Me hubiera encantado releer después de muchos años, esos momentos cruciales de mi vida, escritos en una prosa impecable por supuesto, que hiciese temblar de envidia a los últimos premios Planeta. Además, podrían incluso hacer una película, típica americana donde sacar jugo a lo que me dice mi primer novio del instituto al encontrarnos años después diciendo que nunca me olvidó y que en su diario había escrito.....Basta reina, vamos a dejarlo, pase que tú pudieras haber escrito un diario medianamente legible, pase que tu primer novio aún se acuerde de tí, pero que un tío español, de 16 años en los 80 escribiese un diario no se lo cree ni dios.
La cuestión es que a mi lo que nunca me ha faltado ha sido imaginación, luego me cuesta ponerlo por escrito, y el noventa por ciento de las veces ni me molesto; pero si pudiera hacerlo, me saldría un Best Seller seguro. Creo que he olvidado decir que además de imaginación, sueño mucho despierta y soy muy modesta.
Hablando algo más en serio, es verdad que admiro profundamente a la gente que escribe, me refiero a la que escribe bien claro, escritores y escritoras capaces de llevarte con sus palabras a mundos desconocidos, hacerte sentir emociones como si fueran propias, acercarte a otras vidas, atraparte en tramas misteriosas, pasionales, dolorosas, que son capaces de hacerte llorar, reír, disfrutar, evadirte. Me dan una envidia....aunque reconozco que poco sana jajjaj, no, sanísima, de verdad; quiero dejar constancia de mi agradecimiento a todas las personas que me han acompañado y seguirán haciéndolo con sus libros y a quienes siento tan cerca cuando me transportan a ese mundo especial de palabras escritas. Siempre que tengo un libro conmigo estoy acompañada, y lo digo totalmente en serio; soy incapaz de entrar en un bar sola si puedo evitarlo, o de estar en un banco de un parque más de cinco minutos, o pasar más de 20 minutos sentada, pero si tengo un libro conmigo, puedo estar horas sin moverme del sitio, literalmente. Y luego está mi capacidad para engancharme de las historias y sentirlas en lo más hondo, me mimetizo de tal modo, que lloro a moco tendido, o río a carcajadas mientras estoy leyendo, pero que me afecta durante bastante tiempo después.
Y después de esta disertación más o menos coherente, voy a dejar algo en el aire para tener algo que escribir la próxima vez, que si hago con este blog como con el diario, tengo poco futuro en el mundo virtual.

lunes, 27 de febrero de 2012

Colors in the air

Todo el mundo me dice que escribir funciona como terapia cuando estás bloqueada o triste o simplemente un tanto desquiciada. Puede ser que sirva como saco de boxeo en el que poder golpear cuando no sabes muy bien contra qué enemigo has de enfrentarte. Y ese es el problema, porque cuando ya has descubierto qué es lo que te pasa, qué es lo que te bloquea y te produce ansiedad, ya tomas pastillitas y haces los deberes que te mandan los médicos, resulta que sigues fatal, no tienes ganas de gran cosa y te temes que además de la ansiedad y la vida estresante, dejes de tener esos momentos motivantes que te producen un subidón de energía con el que haces un corte de mangas a los problemas.
Hoy he hecho un nuevo intento, en vista de que luce el sol y la temperatura ha subido, me he propuesto hacer una actividad aconsejable para relajarse y disfrutar; me he comprado unas cuantas plantas que en la tienda me decían a gritos que la primavera está cerca, y con ella el despertar de los sentidos y el renacer de la vida. Me he puesto manos a la obra, remover tierra, sacar de nuevo macetas del año anterior en las que murieron otras plantas por congelación(mi pobre Alóe, que era mi orgullo y mi remedio casero más usado) y poner un poco de color a mi terraza desteñida por el invierno.
Probablemente en un par de semanas el tiempo vuelva a ser frío, se congelen más plantas y yo me quede de nuevo con poco color en casa, pero oye, mejor son dos semanas de color que nada, y hay algo que por lo menos me hace respirar tranquila, y es que este año, lo que sé seguro es que llegará también la primavera.

viernes, 10 de febrero de 2012

La receta infalible

Parto de la base de que esa receta para solucionar un problema, para estar bien contigo misma, para quererte, para trasmitir alegría a tu gente, para enfrentarte a las presiones del trabajo, no existe así sin más; cada cual debe inventársela y elaborarla según las necesidades.
Antes de ahora yo tenía recetas más o menos adecuadas para cada momento de crisis, tenía bastantes ingredientes y las posibilidades eran muchas. Lo malo es que últimamente me he ido quedando sin ingredientes y la mayoría de mis recetas no se pueden preparar , así que he ido acumulando sinsabores, presiones y ansiedad que no he podido atajar, así que aquí estoy, hambrienta de energía y necesitada de ayuda para preparar el guiso reconstituyente que me devuelva al mundo. Y cuando lo logre, intentaré por todos los medios de no olvidarme nunca más de rellenar la despensa, palabra.

jueves, 26 de enero de 2012

El universo de los calcetines solitarios

Hace 18 años que vivo en esta casa, y hoy por hoy puedo corroborar que tengo duendes. No conozco a nadie que tenga más calcetines desparejados que yo, y no hay trampa ni cartón; los calcetines van de los pies al cubo de la ropa sucia, de allí a la lavadora, después se tienden, " se emparejan" y se guardan. en los dos últimos pasos es con lo que encuentro ciertos problemas, porque toda la vida en estos 18 años, he tenido un cesto para guardar todos mis calcetines solitarios, esperando que en la siguiente colada cada cual encuentre su pareja. Muchos lo logran, pero hay otros, demasiados, que se quedan por el camino. Comienzo a pensar que este buscar y no encontrar la media naranja para mis pies es un reflejo de lo que tengo en mi vida, y si es una señal?. Lo que tengo claro es que no voy a cambiarme de casa porque unos hombrecitos diminutos se dediquen a jugar con mis calcetines, igual que no voy a tirar la toalla porque el mercado masculino esté en horas bajas. ¡Ni de coña! Siempre puedo comprar más calcetines en las rebajas, y hombres hay muchos...

Bricomanía

Muchas veces he pensado en el tema del bricolaje y mi relación con el tema. Me encanta todo lo que tenga que ver con taladros, brocas, destornilladores, lijadoras con depósito para el polvo incorporado y herramientas varias. Siempre se han hecho comparaciones jocosas cuando es un hombre el que juega con maquinitas de cualquier tipo, asegurando que buscan una reafirmación de su apéndice masculino. Yo me pregunto cuál será la explicación en mi caso, el hecho de que sea feliz perdiéndome durante horas en el Leroy Merlín viendo tipos de suelos, sierras caladoras o soportes para cortinas, porque me da a mi que esta es otra ocasión donde queda demostrado que el género y el gusto por determinadas cosas es pura coincidencia, y que depende de las personas; porque créanme cuando digo que una es femenina hasta la médula, heterosexual más si cabe y que si alguien quiere hacerme un regalo y acertar seguro, puede comprarme indistintamente un collar divino o un destornillador sin cables.