Lo peor de todo es que no sabes contra qué tienes que luchar, es un enemigo invisible, nadie que no lo haya conocido está preparado para entenderlo, y aun así cuesta. No te das cuenta hasta que es demasiado tarde, se toma su tiempo, va cogiendo fuerza dentro de tí, con paciencia, alimentándose de tus frustraciones, de las prisas, de la falta de horarios, de las presiones del trabajo, de bajar la guardia cuando estás agotada, cuando estás triste o desanimada. Y llega un día en que todo estalla, el pánico te inunda, el pecho se te encoge como si tuvieras un peso inmenso encima, respiras con dificultad, y ya nada vuelve a ser como antes.
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